Greta llora, con razón, y pregunta: “¿Cómo se atreven?”. Se lo pregunta a los adultos que toman las grandes decisiones, los dueños de las industrias y el poder; le han robado su niñez y su futuro, y ella tiene rabia. Posiblemente los adultos que toman las grandes decisiones la ven pasar, la aplauden (algunos de pie mientras contienen una risita), y piensan, como Trump, que es “una joven muy feliz que mira hacia un futuro brillante y maravilloso”. Nada raro que le aterrice un Premio Nobel de Paz. Con Malala funcionó. Le dio carne con kilometraje elástico a los noticieros que le pertenecen a los adultos que toman las grandes decisiones.
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Los indígenas del Amazonas lloran, con razón, y claman por justicia ante los incendios que han acabado con 700 mil hectáreas de bosque y afectado a más de cien mil indígenas, sin mencionar los daños irreparables a fauna y flora. Les han robado su casa, su aire, la tierra, y los indígenas sienten indignación. Posiblemente Bolsonaro y los adultos que toman las grandes decisiones miran la selva en llamas a través de esas pantallas tan planas, tan modernas, de tantas pulgadas, ven ese bosque ardiendo como quien observa un happening, y piensan: “!Wow, el pulmón del mundo! No debe ser tan grave desde que seguimos respirando”.
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Los habitantes de Bahamas sufren, con razón, porque el Huracán Dorian llegó como la ira de Dios, o de dios, o de todos los dioses de este mundo megaconsumista; y comprobaron que esa ira es enorme, y devastadora, y cruel, y, sobre todo, irreprochable, porque a Dios, a dios, a los dioses, no se les reprocha nada. Se le reprocha, con razón, a Sofía Vergara, que publica unas fotos toda vestida de blanco, brindando y “esperando a Dorian”, dice ella; tan bonita que se ve de blanco, o de cualquier color, o de ningún color, porque si es de ningún color: ¡mejor!, eso querría decir que no tiene ropa, entonces, fiesta, porque todos quisieran ver a Sofía sin ropa.
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Los manifestantes prodemocráticos de Hong Kong tienen miedo, con razón, y llevaron sus protestas al New Town Plaza. Pronto expira la fecha de la libertad, volverán a ser chinos de la China, y anticipan la asfixia. Un centro comercial, la expresión más grosera del capitalismo, es el lugar de encuentro que termina en vandalismo. Un centro comercial donde operan marcas de empresas cercanas al Gobierno y a la policía de China, donde son comunistas pero cada vez más capitalistas y más poblados y más dueños del mundo y ¿usted no ha empezado sus clases de mandarín?
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Los artistas de Colombia protestan, con razón, cuando ven que amanece cubierto con pintura blanca el diálogo ilustrado entre Power Paola y Lucas Ospina. Otra censura, una más en medio de tantas. Tantas y todos los días. Taparon con pintura el secreto que se grita en el país entero: un presidente que funciona como títere de otro presidente, que funciona como títere de otro presidente. Como para que quede claro que aquí no se puede perpetrar arte, solo errores, que no es lo mismo que delitos. No se puede perpetrar arte ni política. Porque aquí se manda callar al que no hace silencio, y por eso matan a 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8 candidatos a las próximas elecciones.
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Vamos recibiendo las noticias, así, como quien espera el turno para ser atendido en un banco, o en una EPS, o en cualquier lugar donde todo el mundo está aburrido, mirando el teléfono, leyendo sobre estas noticias, así, como quien espera el turno para ser atendido en un banco, o en una EPS o en cualquier lugar donde todo el mundo está aburrido…
Parecería que, como el Amazonas, todo en el mundo está ardiendo. Sospecho que todos somos el fuego. También la cerilla en la mano del incendiario. Y somos el incendiario y el incendio. Y también el oxígeno que alimenta las llamas. Todos somos todo. Todos fuimos Greta. Todos fuimos niños amantes de la naturaleza; todos fuimos adolescentes indignados por las decisiones de los adultos y, todos nos convertimos en adultos, algunos mucho más respetables que otros.
“¿Cómo se atreven?”. La pregunta es incontestable. Sobre todo porque está formulada en tiempo presente, cuando lo peor, lo grave, lo –tal vez– irremediable se decidió en el pasado. Ya fue. Y ahora la cosa es una bola imparable, con vida propia.
“¿Cómo se atreven?”, pregunta Greta. Se atreven a todo, sin pudor. Y se atreverán a más. En el planeta. En el Amazonas. En Colombia. Los adultos que toman las grandes decisiones se atreverán cada día a más. Y a cada segundo pensarán que todo no es suficiente y que tienen que ir por otro tanto. Irán a por todo pasando por encima de leones y panteras, destruyendo los glaciares y el Amazonas, callando a los artistas y a los estudiantes, matando a los indígenas y a los candidatos.
Irán a por todo. No lo olvidemos. Pero tampoco olvidemos que si somos el fuego, también podremos ser el agua.

