Editor: Francisco Cristancho R.
El mundo está loco loco loco loco, se titulaba una película de principios de los años 60; un filme simpático, en el cual, cada uno de sus personajes hace todo lo contrario de lo que la lógica indica. Y así invitaba a la risa. Cuando uno mira cómo está el mundo actualmente, manejado por personajes como Donald Trump, se convence de que hoy esto está peor de lo que aquella película mostraba.
Escuché recientemente una entrevista al señor presidente de los Estados Unidos, y realmente él es alguien vergonzoso. Uno no puede creer que una persona, con las deficiencias mentales de ese individuo, esté manejando la política internacional. Uno se pone a escuchar las locuras que dice, a ver las barbaridades que hace, y no lo puede creer. El señor Trump dice una cosa y a los cinco minutos puede estar diciendo otra.
No sé si alguno de ustedes tuvo oportunidad de ver la entrevista que dio el sábado pasado en horas de la mañana, pero luego de ver eso, uno se convence de que ese señor está totalmente deschavetado. Y entonces se pregunta ¿cómo es que los Estados Unidos soporta que una persona con esta deficiencia mental siga siendo su presidente? Porque, de verdad, es vergonzoso. No sé si ustedes han puesto atención a las cosas que dice, pero la mayoría, no son más que locuras.
Lo grave es que una persona de estas, siendo presidente de los Estados Unidos y teniendo el poder que tiene, en cualquier momento puede provocar una guerra mundial, simplemente porque se le dio la gana.
Pero todo indica que Donald Trump nació para eso: para insultar a la gente, para pelear con todo el mundo, y para vanagloriarse solamente a él; porque si hay un tipo que le guste echarse flores así mismo, ese el señor Trump. De las pocas veces que habla bien de alguien, es de él mismo. Y siempre, siempre, se pone en primer lugar: yo soy, yo fui el que hizo, yo soy el único que hizo tal cosa o yo he hecho esta otra. Si habla por una hora, 55 minutos habla de él y el resto lo dedica a insultar a los demás.
¿Y cómo hay gente que todavía pueda creer lo que dice Trump? Uno queda aterrado cuando ve personas, supuestamente con sus cinco sentidos, defendiendo a este señor. Es que se requiere estar en igualdad de condiciones a las de él para defender a ese demente.
Porque Donald Trump es un demente. Las cosas que dice, las comparaciones que hace; ni qué decir cuando habla de dinero. Y qué curiosidad, ese sujeto en este momento está siendo investigado porque, al parecer, mintió en sus declaraciones de renta. Según dicen, él acostumbraba a inflar su patrimonio, porque al hacer esto le podían prestar más plata. Algo que costaba un millón de dólares él la valoraba en cinco millones, porque de esa forma, siendo la garantía de mayor valor, los bancos le podían prestar más.
Es claro que ese señor no está bien de la cabeza. El disco duro se le dañó. A Trump hace rato se le aflojó un tornillo; y, sin embargo, aquí en Colombia hay quienes aún defienden su alocada política. Esa locura que hizo de ir a confiscar un barco petrolero a los iraníes y uno a Venezuela lo hace solo un loco.
Trump está exponiendo al mundo a un conflicto porque se le da la gana; porque él está corrido de la teja.
Cuando uno oye a ciertos políticos colombianos defendiendo el comportamiento de Trump y defendiendo las políticas de los norteamericanos, se da cuenta de que este país puede llegar a ser igual. Definitivamente, estamos muy mal.
Como mal -terriblemente mal- fue la entrega del Nobel de Paz a María ‘Corrida’ Machado. A esta señora la premian, nada más y nada menos que por querer que invadan a su pueblo. ¿¡Ah!?
Es vergonzoso que otorguen un premio de esa categoría a alguien que quiere pelear con todo el mundo, a alguien que lo que quiere es meter al mundo de problemas. Una persona que está buscando guerra contra su propio país, que se atreve a pedir que lo invadan, que quiere que maten a sus compatriotas… ¡No puede ser Nobel de Paz!
¿A quién se le habrá ocurrido tamaña barbaridad?
Sin embargo, se lo terminaron otorgando. Claro que, hasta donde tengo entendido, María Corina o ‘Corrida’ Machado ni siquiera es capaz de redactar su propio discurso. Parece que ese discurso se lo hicieron. Quienes la conocen y escucharon lo que supuestamente dijo, dicen que ella no tiene capacidad para hilar una idea, y mucho menos para hablar de paz.
A doña ‘Corrida’, en vez del Nobel, deberían haberle dado una beca para un manicomio, y que se dedique allá a aprender a componer versos y a escribir pendejadas. No sabemos bien si es Corrida, Corina o des-Colorida, pero para mí esta señora también tiene una tuerca mal puesta. Que le den un premio por bestializar, por ser una verdadera promotora de la guerra y por el derramamiento de sangre que quiere para Venezuela.
Pero bueno. Así está este mundo, y así lo están manejando.
Lo que esperaríamos sería que alguien cuerdo le diga a doña María ‘Corrida’ que regrese el premio; que lo devuelva; que ese galardón no se lo merece. Que, por educación, por respeto a los seres humanos, a su patria y a sus compatriotas, lo devuelva.
Para finalizar, los invito a que busquen en los archivos fílmicos la película que les mencioné al inicio de esta columna: El mundo está loco loco loco loco, para que vean cómo allí dibujan exactamente lo que es el mundo actualmente y quiénes son sus dirigentes, porque si el mundo de hoy es capaz de dar el premio Nobel de Paz a una señora como María Corina Machado, es capaz de premiar también al peor loco que hubiese estado en el neuropsiquiátrico Julio Manrique, del municipio de Sibaté, Cundinamarca.
Coletilla de Deisdre Constanza: Esta semana la coletilla no busca ironías ni verdades incómodas. Hoy es un espacio de silencio y memoria. El Dr. José Pablo Navas Prieto partió el pasado sábado, dejando una ausencia que pesa más que cualquier palabra. Quedan sus gestos, sus convicciones y su recuerdo. Con su forma de ser marcó a quienes lo conocieron. Al Dr. Navas Prieto lo recordaré por su amabilidad sincera, su carácter jovial y esa forma sencilla de hacer sentir a los demás. Siempre dispuesto a escuchar, a saludar con una sonrisa franca, su trato humano, su alegría serena y su manera noble. Tuve la oportunidad de compartir con él en muy pocas ocasiones, pero fueron suficientes para confirmar su calidad humana. De esas presencias que, aún en encuentros breves, dejan una impresión duradera, porque transmiten respeto, calidez y una forma honesta de relacionarse. Toda mi consideración y solidaridad con su familia. Paz en su tumba.



