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Santrich el gancho ciego

Daniel Emilio Mendoza Abogado penalista y criminólogo, autor de la novela El Diablo es Dios de Editorial Planeta.

@elquelosdelata

Sé que el video existe. Se le ve sentado en la mesa con un mafioso mejicano de acento chicano. Es cierto que está negociando 10 toneladas y que lo más probable es que sea de coca de lo que se está hablando, pero esto no significa que estemos frente a un delito. Es más, mirando el incidente desde arriba, como lo debe mirar un juez en su potestad divina, peluqueando los hechos de todo sesgo moral, ceñido exclusivamente a la ley y a la constitución, es obvio que Santrich es inocente, que su actuación no tiene porque interesarle al derecho penal y que la DEA, además de presentar esta pantomima como un gran golpe, cogió a Santrich de gancho ciego y al pueblo colombiano de borrico.

Los gringos se están haciendo los pendejos, ellos más que nadie saben que la ley está para perseguir al delincuente, a quien comete delitos o incluso para sancionar a quien se reúne con otros para cometerlos, pero la justicia, refiriéndonos específicamente a su cuerpo investigativo, ni aquí y ni allá en los Estados Unidos, está para fabricar los hechos punibles, ni mucho menos para ponerle trampas a los ciudadanos con la sola finalidad de convertirlos en criminales. Las operaciones investigativas están diseñadas para lograr descubrir que alguien delinquió, no para probar que puede llegar a delinquir. La DEA fue la que puso a pecar Santrich y en este sentido sería tan culpable como él.

Quien sienta a Santrich con el mejicano es Marlon Marín, el mismo que de acuerdo a varias fuentes llevaba ya rato trabajándole a la DEA y que mandó a recoger Trump a los pocos días de capturado el pobre viejo invidente, al que cogieron de guevón.

En resumidas cuentas, el par de traquetos lavaperros que para el caso no son más que dos agentes encubiertos, hacen creer a Santrich que lo requieren para que se pueda llevar a cabo la negociación. Es decir, como conclusión incontrovertible, tenemos que la supuesta víctima que es el gobierno norteamericano, viene siendo la coautora de su propio crimen, aquel que provoca, fabrica y dramatiza.

Entonces, ¿Hasta ahora qué es lo que hay?… Solo una puesta en escena. Una película. Un evidente montaje escénico. Nada más.

La ley está para regular la realidad, no para dirigir tablados. En los terrenos de la ficción ella nada tiene que hacer. La justicia se pervierte cuando obra como celestina y promotora de los delitos, no puede motivar un crimen ni inducir a nadie a cometerlo para probar su potencialidad delictiva.

La finalidad de la norma penal es precisamente alejar a la gente de la criminalidad y no alentar en su psiquis el deseo de violarla. La justicia delinque cuando es ella la que elabora las actuaciones delictivas y en este sentido el único criminal es la DEA, pues solo ella sabía lo que estaba pasando, ella fue quien seleccionó el casting, escribió el guión, produjo la película, prendió la cámara y la puso a rodar.

Si a Santrich lo condenan, que condenen también a Al Pacino por El Padrino.

Ahora, el peligro está en que no exista un lugar en el que se pueda probar lo evidente: Que Santrich no cometió ningún delito. Porque si la JEP le va agachar la cabeza al sociopata de turno, que allá en el norte le de por mandar un escrito cada mes, que como daga afilada empiece a descabezar guerrilleros, y si su labor se va limitar a ver la fecha en que los gringos dicen que sucedieron las cosas, sin permitirse verificar si hay o no delito, sin llevar a cabo un análisis de fondo, sin abrirle espació al debate probatorio, pues entonces de lo que se está hablando aquí no es de Santrich sino de la efectiva operatividad de todo proceso de paz, pues con otros 9 “indictment” arrasan con el resto de las curules y el proceso de La Havana quedó sirviendo para nada.

No hay norma, la ley no ha regulado la extradición de los reinsertados. A las Farc en el acuerdo les metieron ese mico invisible, quedaron desprovistos de un escenario en el que pudieran defenderse con todas las garantías procesales y por eso la JEP acaba de proferir, con ocasión de este caso, el Protocolo 001/18 que permite debatir probatoriamente el asunto.

Así lo entiendo yo: La JEP no se va a limitar a verificar la fecha de los audios y los videos, sino que se permitirá analizar si evidencian, de cara a la ley y a la jurisprudencia colombiana, una actuación criminal.

Esperemos que Santrich y su equipo de defensa puedan actuar, que no se les encadene durante el proceso y que se les de la oportunidad de obrar dentro de un marco probatorio y argumentativo razonable, teniendo en cuenta que nuestra Constitución no está escrita en un papel higiénico, que existe el derecho de defensa y que la valoración de la prueba debe realizarse de acuerdo al criterio de la sana critica.

Y si es así, Jesús, abra la boca y empiece de nuevo a comer que de esta puede salir. Hay esperanza.