Imprimir

No es una cuestión de forma

Hace varios días se destapó un nuevo escándalo en las Fuerzas Militares (FFMM), la pérdida de 20.000 millones de pesos aproximadamente en gastos de inteligencia (pago de informantes y compra de equipos de alta tecnología).  Ante el escándalo, el Ministro de Defensa decide actuar, y se elimina de un plumazo el Comando Conjunto de Inteligencia CCONI y la Regional de Inteligencia RIMEC.

Hasta el 2011 funcionó el DAS, pero muchos de sus integrantes fueron reubicados dentro de la policía o dentro de la Fiscalía.

Finalizando los años 90 y luego de presiones de organizaciones de DDHH, informes de la ONU, de medios extranjeros e incluso de El Pentágono, se decide acabar con la Brigada XX o de Inteligencia. Pero acabarla solo fue algo superficial pues aunque en el papel ya no existía, en la práctica sus funciones continuaron como si nada.

En estos casos se da por sentado que cambiando el nombre se acaba el problema o, peor aún, es una forma de no eliminarlo sino de mantenerlo al considerar que sus funciones son fundamentales dentro de la estructura de seguridad.

Actualmente las FFMM y los organismos de seguridad del Estado son esenciales para garantizar la transición de amplios sectores de la población en donde hicieron presencia por décadas las desmovilizadas FARC, pero esto no será posible mientras no se depuren las FFMM y se reforme su doctrina.

Si uno revisa con detenimiento, hubo militares o agentes del Estado detrás de muchas desapariciones, masacres, en el exterminio de la UP, en la muerte de Luis Carlos Galán, Jaime Garzón, Eduardo Umaña, Manuel Cepeda y la actuación de militares siempre fue catalogada como “manzanas podridas”.

La recurrencia de estos hechos hace ver que las reformas deben ser estructurales, no solamente con cambios de nombre, o la investigación y condena de algunos funcionarios, si en el fondo todo sigue igual. Las reformas deben involucrar procesos más rigurosos de selección y procesos más exigentes de formación, pero no solo eso, la anacrónica teoría del enemigo interno fundamentada en la  doctrina de seguridad nacional (DSN), debe ser erradicada por completo pues esta se encuentra en la raíz de tantas desapariciones, masacres, mal llamados ‘falsos positivos’ y hechos de corrupción. A la DSN habría que sumarle el muy criollo “todo vale”, consiguiendo así las condiciones para que estos casos se repitan.

Pero ¿cómo una doctrina como la (DSN) aplicada por los Estados Unidos en todo el hemisferio mientras duró la Guerra Fría, está aún hoy vigente y casi treinta años después se mantiene? En los últimos años esta doctrina ha tenido un nuevo impulso a partir de términos acuñados desde la extrema derecha, “El Castro-chavismo”, por ejemplo, que hacen ver que la amenaza aún está vigente y que es necesario combatirla sin importar los medios.

La muerte de cientos de líderes sociales en casi todo el territorio nacional  y la falta de contundencia del gobierno y sus FFAA para investigar y perseguir a los perpetradores confirman el síntoma.

Definitivamente urge un cambio dentro de las FFAA, pero no de nombre.

Historiador