La protesta social es un derecho constitucional y un deber del ciudadano que siente que le están vulnerando sus derechos fundamentales. Así las cosas, no falta quien quiera estigmatizarla y desvirtuarla. El pasado 17 de octubre se realizó en Colombia la segunda marcha por una educación de calidad. Salieron otra vez a las calles los estudiantes de todo el país a pedirle al gobierno nacional más presupuesto para la educación superior. Los estudiantes tienen muy claro qué necesitan y cómo lo van a lograr, y tienen también claro que están actuando frente a un gobierno que ha demostrado que no está muy interesado por este asunto. El gobierno nacional no quiere acceder a educación superior de calidad por muchas razones, y entre ellas se encuentra una muy poderosa: un pueblo educado no es de fácil manipulación.
Según Jennifer Pedraza, se necesitan 3,2 billones de pesos para que las universidades no cierren y 15 billones para que no se caigan. Lo lograrán, según la misma líder estudiantil, de la siguiente manera: quitarle 2,5 billones al pago de deuda; quitarle 700 mil millones a seguridad; adicionar 3,2 billones a la educación. Es lacónica la conclusión: Plata sí hay.
Eso lo sabe el gobierno: sabe que si hay voluntad hay cómo hacerlo; pero el caso es que no se van a dar por vencidos fácilmente para postergar al máximo dicha “voluntad”. Por eso toman acciones para deslegitimar la lucha estudiantil y estigmatizan la protesta social. De esa forma envían un mensaje a la sociedad civil, que de uno u otro modo no tiene los elementos necesarios para tomar partido; pues nuestro pueblo, no es educado, no es robusto en la lucha contra los gobiernos que nos han metido la mano al bolsillo hace más de doscientos años. Y esa estigmatización se hace desde varios puestos de avanzada: líderes políticos desvirtuando a una de las líderes más preparadas y con unos argumentos contundentes, como es Jennifer Pedraza; líderes políticos y periodísticos vendiendo a los estudiantes como violentos y vándalos, por grafitis e insultos. Ojalá el seudo periodista Luis Carlos Vélez fuera así de crítico con su patrón Carlos Ardila Lulle, cuyo grupo económico se ha visto envuelto en investigaciones por paramilitarismo y despojo de tierras.
No solo Álvaro Uribe Vélez salió a señalar a Jennifer Pedraza, no solo Ernesto Macías la quiso minimizar llamándola niña; salió también Miguel Uribe Turbay pidiendo a los estudiantes respeto por las instituciones, y Roberto Angulo exigiendo resultados a la universidad pública. Todo esto, ¿para qué? Para que el movimiento estudiantil pierda legitimidad y contundencia ante la sociedad civil. Periodistas, políticos, y técnicos neoliberales atacan al movimiento para que pierda su fuerza. Pero lejos están de lograrlo. Pues afortunadamente los estudiantes tienen unos líderes con un norte y unas formas bien definidas. Y todo parece indicar que lograrán el cometido, es decir, recibirán el dinero del gobierno.
Que no se les olvide a los señores periodistas: nunca un grafiti será más cuestionable que las investigaciones por paramilitarismo, nunca un insulto y una arenga serán peores que la corrupción. Así que no vengan a darnos clase de moral cuando no la tienen. Creo que faltan muchas verdades por salir a la luz antes de que nos puedan dar cátedra de moral y ética.

