Periodista
QUITO, Ecuador. — Terminó el paro con la derogación del decreto 883, que eliminaba el subsidio a los combustibles y ahora estamos a la expectativa de un nuevo acuerdo.
Yo esperaría que se mantenga la eliminación de subsidios a los combustibles y se tomen decisiones que nos permitan vivir dignamente de nuestro trabajo y no del Estado paternalista.
Hoy el dinero de ese subsidio se lo llevan los más ricos, entre los que se incluyen contrabandistas, grandes industriales, y les guste o no, todos los ecuatorianos que tienen carro y lo usan para ir al trabajo, al supermercado, para llevar los niños a la escuela, para pasear el fin de semana, etc.
Sin duda es un derecho tener un vehículo, pero que no podemos ejercerlo a costa de un dinero que debe invertirse en el progreso de todos. No exijamos gasolina subsidiada. Exijamos trabajo digno y mejores condiciones salariales para pagar lo que realmente vale esa gasolina.
Exijamos que mejore el servicio público de transporte, para que que dejar el auto en casa sea una opción y de paso dejemos de contaminar el ambiente.
Yo esperaría que el nuevo decreto incluya:
1. Tarifa subsidiada de transporte público: que sea administrada por los municipios y no por los transportistas. Hasta que las condiciones del país mejoren y todos puedan pagar la tarifa real.
2. Políticas y nuevas condiciones para el desarrollo del agro: que bajen costos y compensen el costo real de los combustibles.
3. Mejoras al acceso y la calidad de la educación pública: en educación está la diferencia. La educación es lo que convirtió a los países asiáticos en una potencia económica. Es la que permite desarrollar la mente del ser humano. Abrir caminos. Aprovechar las oportunidades y ayudar a crear un futuro para todos. Se necesita invertir en educación para que los pueblos indígenas dejen de esperar migajas del Estado, como una compensación a la injusticia social a la que históricamente han sido sometidos.
4. Mejoras a la salud: con un sistema basado en la prevención y que incluya el acceso a medicinas de calidad y servicios básicos. Recordemos que en pleno Siglo XXI todavía hay poblaciones que no tienen agua potable.
Un pueblo que tiene educación y salud aporta al progreso, crea empresas, genera trabajo, paga impuestos y exige que el Estado se los devuelva en servicios de calidad.
Esperaría también que cuando haya que reclamar no se vuelva a contemplar la autodestrucción como forma de protesta. Si bien es cierto que un grupo de terroristas quiso aprovecharse del derecho a la protesta para generar caos, hay que reconocer que se reaccionó con violencia.
La violencia genera nuevas deudas sociales. Resentimiento. División. Dolor. Muerte. No podemos dejarnos ganar por las debilidades del ser humano. Nuestra única alternativa es ser fuertes, ser valientes.
Hay que voltear la pagina, remangarse la camisa y limpiar el desastre que quedó en las calles tras estos doce días de paro.
Juntos. Indígenas, empresarios, gobernantes y ciudadanos.
Hay que limpiar las calles y el espíritu. Hay que volver a trabajar con más empeño y fuerza que nunca. Con alegría. Con buena energía.
Que todo lo vivido sea un aprendizaje. Y que de las cenizas surja un nuevo camino hacia el progreso.

