“…My Kingdom for a Horse!”
Acto I. Corre el año 2005, y un Uribe Vélez en plena forma recibe en una de sus propiedades a un Lula Da Silva, también en plena forma, para enseñarle, antes de su reelección, despacito, pasito a pasito, cómo es que no se riega un tino. El terrateniente, encarnación de la exclusión rural, alardea de su poder ante el otrora sindicalista, encarnación de la inclusión urbana, destacado miembro del Eje del Mal, según otro ranchero, George W. Bush, quien después de regalarle unas botas tejanas declararía de su anfitrión en Cartagena: “-Él es mii amigou.” Las cámaras, registran dóciles la patética escena hípica, doblegadas ante la estampa del chalán. Trece años después, un Lula da Silva aún en plena forma, a punto de salir de la cárcel, pareciera enseñarle a un Uribe Vélez, paranoico y desdibujado, con el mascadero adolorido por el bumerán de la justicia, a punto de ingresar a la cárcel, cómo es que, sin finca ni caballo, se gana una reelección y de paso, no se riega un tinto.
Acto II. Corre el año 1981, y en el Criadero Ecuestre Las Margaritas, el patriarca Fabio Ochoa Restrepo, alias “el caballista”, reúne a sus hijos y asociados para recaudar fondos y definir acciones, en pos de la liberación de su hija, Martha Nieves, secuestrada por el M-19, cuyo nombre predestinaría la línea de negocios de la familia. Nacería, con la anuencia y participación del Estado, así como la de los otros clanes mafiosos de Antioquia y la costa el MAS –Muerte a Secuestradores-, primera estructura paramilitar moderna en Colombia. Con tal éxito, que don Fabio nombraría uno de sus caballos “Rescate”, en honor a Nieves, por cuya libertad morirían decenas de personas. Un par de años después, en otra propiedad de los Ochoa, la Finca Ganadería Horizontes, se ampliaría esta exitosa asociación delictiva, convertida en una plataforma duradera de negocios, bautizada como Cartel de Medellín, bajo la vigilancia de la empresa de Seguridad Nutibara, propiedad de Pablo Escobar Gaviria, cuyo modelo replicarían luego las cooperativas de seguridad privada Convivir durante la Gobernación de Antioquia ejercida por Uribe Vélez. El nacimiento de este Cartel es registrado en el tercer capítulo del libro de Fabio Castillo, que no podía llevar mejor nombre: Los jinetes de la cocaína. Mismo capítulo en el que Castillo nos recuerda que siendo Alcalde de Medellín, el joven Uribe Vélez lanza en conferencia de prensa en Bogotá, con bombos y platillos el programa “Medellín sin Tugurios”, auspiciado por Pablo Escobar Gaviria.
Acto III. En un aparte de su nuevo libro Santos. Paradojas de la Paz y del Poder publicado por Un Pasquín en su edición de julio de 2018, María Jimena Duzán narra cómo los sospechosos de haber participado en el secuestro de Martha Nieves Ochoa, son conducidos a comienzos de la década de 1980, en helicópteros de la fuerza pública, a fincas de la sabana bogotana –¿tal vez el famoso Criadero Chihuahua de Rodríguez Gacha?-, donde son interrogados y torturados en las caballerizas entre otros por Pablo Escobar Gaviria y el propio Gonzalo Rodríguez Gacha. Réplica de un probado método que en ese mismo comienzo de década de 1980, en pleno Estatuto de Seguridad durante la presidencia de Julio César Turbay Ayala, aplicaría de manera sistemática sobre todo miembro de la izquierda militante, sospechoso de pertenecer a la subversión, interrogado, torturado y a veces desaparecido, en las caballerizas de la Escuela de Caballería de la carrera séptima de Bogotá, el ejército de Colombia. Mismas caballerizas donde serían conducidos, luego de interrogatorio previo en la Casa Museo del 20 de Julio, todos aquellos evacuados vivos –tal como lo atestiguan las tomas de noticieros de la época- el 6 y 7 de noviembre de 1985, durante el gobierno de Belisario Betancur, luego de la toma al Palacio de Justicia por parte del M-19 y la retoma a sangre y fuego protagonizada por el ejército, sobre los cuales caía la sospecha de su pertenencia a dicho grupo irregular. Interrogados nuevamente en estas cabellerizas, fueron torturados, asesinados, incinerados, y desaparecidos durante décadas, y algunos de ellos enterrados inicialmente en las colinas de dicho predio, por parte de fuerzas del Estado. Treinta y tres años después, a finales de julio de 2018, el ex presidente y actual senador Uribe Vélez, luego de anunciar su renuncia a esa corporación pública, habiéndose enterado de la indagatoria en su contra, proferida por la Corte Suprema de Justicia por supuesta manipulación de testigos y fraude procesal, convoca a una rueda de prensa en su finca de Rionegro, Antioquia, donde reúne a los medios, para anunciar que recusa a los magistrados encargados de indagatoriarlo…en una caballeriza. Ante esta nueva escena hípica, las cámaras parecen despertar de su prolongado letargo.
Acto IV. A comienzos de julio de 2018, luego de haber puesto presidente, pero antes de posesionarse en el Senado, Uribe Vélez es tumbado por una joven potranca en la misma propiedad donde recibiera a Lula para alardear cómo es que no se riega un tinto. La zanja que el caído no pudo atravesar, según reporta por twitter, es aquella en donde quedaría hondamente enterrado el “uribismo sociológico”. Dos semanas después de que el ganador vergonzante de las presidenciales, impidiera a su patrón político aparecer en la tarima color pastel de la victoria, patrón resignado a seguir a distancia la cúspide de sus logros desde la oscuridad de una caballeriza, Álvaro Uribe Vélez es también destronado de su símbolo más característico, no por un caballo de paso fino, sino por un inexperimentado jumento. Derrotado, al borde del precipicio, teniendo que ver cómo otra casa real usurpa su poder, así yace al final del cuarto acto, Ricardo III, luego de haber mentido, asesinado, traicionado, desterrado, y usurpado sin medida ni piedad. Aferrado al poder con lo que le queda de vida, clama con desespero: “-Un caballo, un caballo, ¡mi reino por un caballo!”.
Acto V. La Tragedia del Rey Ricardo III es magistralmente resuelta por el “dramaturgo eterno”, William Shakespeare, en cinco actos. El quinto y último acto de la tragedia –o drama hípico- de Álvaro Uribe Vélez está, en manos de la Corte Suprema de Justicia. Recordemos simplemente, el último pasaje, con el que el genio isabelino cierra el drama, de un anti-héroe en retirada:
Ahora las heridas de la guerra civil,
Se han cerrado. ¡La paz vive de nuevo!
Que largo tiempo esa paz vea,
Rogamos a Dios, así sea

