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Evo y las cebollas

Todos somos como las cebollas. Todos tenemos capas. La primera vez que comprendí esto fue en 2001, gracias a la película animada Shrek. En una de las escenas más memorables, el personaje principal intenta explicarle a su nuevo amigo —Burro— qué es ser un ogro y sostiene con él la siguiente conversación:

—Para tu información, los ogros somos muy diferentes a lo que creen —dice Shrek.

—¿Apestan o te hacen llorar? —pregunta Burro.

—¡No! —exclama Shrek.

—Ya sé —corrige Burro—, si las dejas al sol se ponen cafés y les salen pelitos blancos.

—¡No! —repite con impaciencia Shrek— ¡Capas! ¡Las cebollas tienen capas! ¡Los ogros tienen capas! ¡Las cebollas las tienen! ¿Entiendes? Ambos tenemos capas.

Unos años más tarde, en el verano de 2006, volví a oír esta analogía de la cebolla y las capas cuando viajé a Alemania y la noticia del momento era que Günter Grass, Premio Nobel de Literatura 1999, acababa de confesar —a sus 80 años—  haber servido en las Waffen-SS de Hitler cuando tenía 17 años; justo en la misma época en que Joseph Ratzinger, quien se estrenaba de Papa por esos días, también lo hubiera hecho.

Aquella vez leí la entrevista que Grass le concedió al  Frankfurter Allgemeine Zeitung y a otros medios. Al hablar de “Con la piel de la cebolla”, como se titula el libro autobiográfico en el que se quitó sus capas y despertó una profunda indignación dentro del mundo académico, la imagen que Grass describía era fascinante y a la vez familiar: “Al quitarle la piel a la cebolla, o sea, al escribir, sale piel a piel, frase a frase, y vuelve a la vida aquello que estaba oculto”.

Unos días más tarde, durante ese mismo verano en Alemania, la noticia del controvertido Premio Nobel “nazi” fue fácilmente desplazada por la aparición de Natasha Kampush: una niña que fue secuestrada a la edad de 10 años y permaneció encerrada en el sótano de su captor durante los siguientes 8. Ese hombre de 44 años, que se tiró a las vías del tren cuando se enteró de la fuga de su víctima, era otra cebolla. Una cebolla descrita por sus vecinos y compañeros de trabajo como una persona reservada pero normal.  

El domingo pasado, como tantas veces, volví a pensar en las capas de las cebollas al oír el discurso en el que Evo Morales renunciaba a la presidencia de Bolivia. Pensé en el Evo que hace trece años llegó al poder con el apoyo absoluto del pueblo indígena. Pensé en el Evo sencillo y valiente, en el Evo temerario y verdadero, en el Evo incómodo e inconveniente para los intereses capitalistas, pero tan hecho a la medida de las necesidades de su pueblo.

Al verlo renunciando, pensé en el Evo que Alejandro Landes nos dejó ver en el documental Cocalero. Un Evo que, como el mismo Landes le dijo a Mariano Kairuz para el suplemento “Radar” del diario Página 12, era “un primer presidente indígena que no habla aymara o quechua de forma fluida; no tiene un gran discurso indigenista, y se viste con remera del Real Madrid, jeans y zapatillas Nike”. Un sindicalista cocalero (como dice Landes: “el verdadero corazón de la historia”) que logró transformar a su país a nivel social, político y económico gracias a:

  • La nacionalización de los hidrocarburos y la reforma agraria.
  • La estatización de recursos y servicios públicos.
  • La reducción de salarios de funcionarios públicos.
  • Una importante reducción del analfabetismo.
  • La disminución de índices de deserción escolar.
  • La reducción de la pobreza y la inclusión social.
  • Índices macroeconómicos históricos, entre muchas otras cosas.

A través del seguimiento de campaña hace 13 años, Landes nos dejó ver todas las cualidades del líder indígena. Después, durante el ejercicio de los primeros años de presidencia, Evo demostró que una manera de gobernar más digna, libre y humana era posible.

Lamentablemente, lo que vino después empezó a preocupar a muchos. Ya en 2013, cuando el Tribunal Constitucional determinó que Evo podría presentarse por tercera vez consecutiva a una campaña presidencial, la cosa empezó a oler raro. Y la oposición, como era de esperarse, subrayó el peligro de que un hombre quisiera entronarse para siempre en el cargo. La decisión del Tribunal fue declarada como desmedida y dictatorial por parte de los opositores.

En los años que vinieron vimos a un Evo menos humilde en sus maneras, más sobrado, asumiendo que el suyo era un cargo vitalicio y que él lo merecía.

Ahora, cuando Evo pretendía un cuarto mandato consecutivo, dejó a la vista otra de sus capas: la del político necio que ha probado las dulces mieles del poder y no acepta que otro pueda venir a ocupar el cargo de presidente, como si solo él pudiera hacerlo bien.

Evo, como todos, tiene capas. Muchas. Algunas mejores que otras. Pero la última que peló derivó en la indeseable intervención de los que defienden a muerte los intereses capitalistas; derivó en un golpe de Estado poco técnico u ortodoxo que nos deja a todos con preguntas: ¿era necesario que Evo llegara hasta allá? ¿Por qué hacer fraude en las elecciones? ¿Por qué Evo permitió que la capa del ego le ganara? ¿Por qué no seguir fiel a sus capas de honestidad y rectitud? ¿Por qué borrar con el codo lo que hizo con la mano durante tantos años? ¿Por qué servirle en bandeja de plata al gobierno Trump el motivo para apoyar a la extrema derecha boliviana?

Todos somos como Shrek. Y como Grass. Y como el Evo. Somos todo lo bueno y todo lo malo, así como los matices que van en el medio de ese negro rotundo y ese blanco esperanzador. Todos somos cebollas. Somos cebollas con capas, con pieles, con cosas ocultas. La pregunta es si lograremos dominar las capas que apestan, las que hacen llorar, o las que hacen que la cebolla se ponga café y le salgan pelitos blancos cuando la dejamos al sol.

Sería bello que el Evo recuperara esa capa que lo hizo grande, que Bolivia comprendiera que lo alcanzado a través de él es impresionante, y que alguien capaz, ecuánime y honesto pueda retomar las banderas del pueblo indígena y -como lo dijo Alvaro García en el discurso de renuncia del Evo, parafraseando a Tupac Katari- pueda hacer realidad ese: “Volveremos y seremos millones”.