Imprimir

El diario de Ivancho, Hoy: Las fucking marchas

Querido Diario,

Sorry que no te había escrito nada desde que cumplí un año de pasantía, pero es que he tenido unos meses súper heavy aquí en la finca de mi padrino Alvarito.

Ha pasado de todo. Bueno, de todo y nada. O sea, la misma mierda de siempre. Aunque, mentiras, ahora sí está pasando una vaina que sale todos los días en los noticieros.

Hicieron una marcha de esas que están de moda en todo el mundo. O sea, al fin estamos súper trendy aquí en Colombia. Después de la marcha rompieron una cantidad de estaciones de Transmi, cosa que en realidad me vale hongo porque yo jamás uso esa mierda, o sea, ni a bate. Me han dicho que eso va lleno de mantecos que roban celulares y manosean a la gente, y yo no soy de los que da papaya, marica. !Y menos con este culazo tan divino que me gasto!

Bueno, el caso es que después de la marcha salió la gente a hacer música con caceloras y olletas de las que usaba mi abue para hacer chocolate. Súper desafinados todos, güevón, pero eso sí, se armó culo de rumba que ya lleva como cuatro días.

!Marikis, si vieras como estaba de tetiado el parque de los hippies! Eso empezó a llegar gente, y más gente, y más gente, y a mí me empezaron a dar unas ganas tenaces de pegarme a semejante parranda tan hijueputa. Agarré mi guitarra, me puse mi chaqueta de cuero, la que es toda rockera, así como yo, y ya estaba por salir cuando me agarró uno de los escoltas y me dijo que paila, que no me podía llevar porque la calle estaba estaba súper caliente. La verdad, no entendí porque este noviembre ha estado haciendo un frío ni el hijo de puta en Bogotá. Pero el man insistía, que no, que está muy caliente, y, además, me dijo: “¿qué tal que le hagan algo? Mire que la gente está toda emputada con usted”. Y yo: ¿que qué? ¿Que la gente está emputada conmigo? !Pero si yo no he hecho nada! Entonces el escolta me dijo que justamente por eso la gente estaba emberracada y ahí sí sentí que me estaba hablando en arameo avanzado. ¿Qué coños les pasa en este país? Si uno hace, mal, y si no hace, también. !No joda! O sea, uno ahí, queriendo unirse a los jóvenes de Colombia, apoyarlos en su rumba, llevar guitarra y todo para ver si se afinan un poco esas cacerolas y no, resulta que está mal. Todo mal.

Entonces el escolta me dijo que no eran solo los jóvenes y que no era una rumba. Y ahí fue cuando decidí quedarme callado porque, como dicen por ahí, la ignorancia es atrevida, marica, o sea, ¿qué se va a poner uno a discutir con un escolta? Lo dejé que siguiera hablando sus babosadas, dándoselas de entendido, el muy indio, diciéndome que dizque no sé qué de las pensiones y yo, la verdad, no entiendo qué es tanta joda con ese tema. A mí, personalmente, la única pensión que me importa es la mía, que es gigante, güevis. O sea, con la pensión de Mr. President puedo no trabajar nunca más en la vida y no pasa nada. Estoy hecho.

Mientras guardaba la guitarra en el estuche, el escolta me seguía explicando que lo de las pensiones va mal, y que la educación va mal, y que los asesinatos sistemáticos de los líderes sociales y los indígenas no puede seguir sucediendo y, ahí sí, el que se emputó fui yo. ¿Asesinatos sistemáticos? !Ahora resulta que hasta de sistemas tengo que saber! ¿Acaso no saben que yo soy abogado? A-bo-ga-do, no ingeniero de sistemas. O sea, eso y contabilidad es algo que jamás hubiera estudiado, pero así: never, never, never.

Me estaba quitando mi pinta rockera cuando el escolta me dijo que, además de todo, la gente sigue toda herida por unos niños que se murieron en un operativo impecable que hicimos para quebrar a un malandro ahí. Se murieron como 8 niños. 8 o 18, no sé, algo terminado en 8. Ni idea. Pero es que aquí la gente solo ve el pedacito que salió regulimbis en vez de darse cuenta de que el resto del operativo fue im-pe-ca-ble. Además, como dice mi padrino Alvarito, ¿uno qué puede pensar de unos mocosos que estaban parchando con malandros? Dime con quién parchas y te dire de qué disidencia de las Far eres.

El escolta no paraba. !Qué lora tan berraca la que me echó ese malparido! En un momento le sentí un acento como raro y lo entendí todo: !el castrochavismo se me infiltró, güevis! O sea, eso es lo que le pasa a uno por dejar entrar tanto venezolano a esta berraca finca. Como ya había arrancado el avión con los 59 chamos que le devolví a Maduro, ni modo de extraditar al escolta. Entonces me hice el güevón, colgué mi chaquetica de cuero y cerré el armario con llave, no va y sea que le dé por robármela, porque lo vi como echándole el ojo. Al menos buen gusto sí tiene el tipo, para qué nos decimos mentiras.

El man finalmente se fue cuando me vio bostezando tanto, porque, en serio, que lora tan aburrida, y entonces volví a poner el noticiero. De repente, me di cuenta de que no todo lo que dijo el escolta era mierda: vi a una nena con una cartelera que decía que dizque: RENUNCIE DUQUE, y entonces entendí lo de las pensiones. O sea, lo que la gente quiere es que yo, Ivancho, !me quede sin pensión! Pues, las chimba, partida de ardidos. No va a pasar. Como diría Ernestico: ”Aquí estoy y aquí me quedo, motherfuckers”.