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Por qué dejo el Periodismo

Me llamo Miguel, nací y crecí en Linares y tengo veintitantos años. Como algunos sabéis, soy graduado en Historia y Periodismo por la Universidad de Navarra. Historiador nunca me consideré, aunque durante bastante tiempo sí que mantuve alguna esperanza en el que Gabriel García Márquez consideró el mejor oficio del mundo. Hoy escribo esto para anunciar que lo dejo.

Antes de nada: creo que no estoy hecho para esto. La mayoría de los temas que publican los medios me parecen aburridos e irrelevantes. No me interesan los sucesos ni las últimas declaraciones de nuestros políticos. No tengo una voz impactante ni buena presencia. Tampoco soy rápido. No me gusta dar codazos ni publicar sin releer dos o tres veces. Además, he aquí lo más importante: prefiero invertir mi tiempo en otras actividades (algo) mejor remuneradas. Como traducir, editar textos o dar clase.

Pero, más allá del “no eres tú, soy yo”, quiero señalar varias cosas. Lo primero es que el oficio está cambiando a un ritmo vertiginoso. Tal y como está la profesión, renta más tener nociones de marketing, redes sociales e informática que de Historia, Filosofía o Literatura. No es que me guste, simplemente lo he ido percibiendo desde dentro. Y creo que las facultades de Comunicación no quieren darse cuenta. Hay quien dice que la carrera de Periodismo no es necesaria, otros opinan que le falta fundamento. La verdad es que yo cada vez lo tengo menos claro. ¿Cómo te preparas para un puesto de trabajo en continua transformación? Leer y escribir mucho y bien no basta cuando se valoran más los clics que la ortografía. Insisto: no me agrada, pero es lo que hay.

También estoy convencido de que, pese al auge del teletrabajo, habría que intentar mantener como fuera la estructura física de las redacciones. Hablemos claro: trabajar desde casa es una mierda. Más responsabilidad, menos protección social, cero camaradería. El mito de la start-up y la prosodia del término freelance han dispersado física y emocionalmente a los trabajadores; tantas horas entre las mismas cuatro paredes acaba desquiciando a la persona más equilibrada.

Un breve apunte sobre precariedad. Trabajamos para vivir, no nos queda otra. Eso implica pagar un alquiler y unas facturas. Creo que no resulta nada quisquilloso exigir un sueldo que cubra los gastos mínimos que toda persona tiene. Ningún salario debería forzarnos a vivir en la casa de nuestros padres ni a ellos a enviarnos dinero todos los meses. Y cada hora de más debería significar algunos euros de más, digo yo.

No puedo irme sin enviar unos cuantos recaditos.

A mis excolegas: humildad. El cuarto poder se ha acabado. No somos tan influyentes. Al final del día, el ciudadano medio rara vez recuerda algo de lo que ha visto, leído u oído, mucho menos en una página web. Un periodista es un proletario. Esto nunca fue algo malo; es un trabajo tan digno como el de un carpintero, un fontanero o un agricultor. Pero nunca fuimos mejores que nadie.

A los millonarios directores de medios de comunicación y a algunos profesores de universidad tuitiriteros: de verdad, me alegra que os vaya tan bien en todo. Pero por favor, no vendáis más humo. Mentir es pecado y queda feo.

A los lectores/ usuarios: seamos críticos y no “militantes”. Todas las cabeceras aciertan y se equivocan de vez en cuando. Todas están sometidas a presiones externas y ofrecen contenido de garrafón para tapar sus agujeros, incluidas tus emisoras favoritas. En serio, se aprende mucho mirando más de una cadena. Y si en alguna no piensan exactamente como nosotros, mejor.

Ya para ir acabando, a los estudiantes y futuros profesionales: meditad si de verdad os gusta pasar casi todo vuestro tiempo delante de un teclado y un monitor junto a un móvil con más de cien contactos que nunca para de vibrar. Si no os importa, es más, si os atrae la idea, olvidad todo lo que he escrito y a por ello.

Por si a alguien le interesara, este curso me dedicaré a opositar y frecuentaré poco el universo virtual. Puede parecer aburrido y nada estimulante, pero lo cierto es que pocas veces había estado tan motivado. Es lo que tiene tomar tus propias decisiones. Imagino que me podréis leer por aquí cuando tenga algo que decir que no quepa en 280 caracteres.

Me quedo con todas las personas buenas que he conocido en estos años. A los mediocres les encanta chupar cámara y hablar para no decir nada; sin embargo, la gente sencilla es maravillosa. Los camareros que trabajan findes y festivos, quienes limpian las calles o se suben a un andamio en invierno y en verano, los maestros y médicos de aquellas zonas a las que nadie quiere ir. Ellos son los responsables de que nuestro mundo funcione. Ojalá protagonizaran más a menudo las páginas (de papel) de nuestros diarios y revistas. Y ojalá algún día vuelva a creerlo posible.