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EL Chocó se resiste a caer

Las manifestaciones celebradas entre el 17 y 24 de agosto de 2016 por el Comité Cívico por la Salvación y la Dignidad del Chocó permitieron llegar a un acuerdo con el Gobierno Nacional para levantar el paro que buscaba reivindicar sus derechos resumidos en diez puntos fundamentales: respeto al territorio, autonomía administrativa del departamento, servicios públicos, salud, empleo, educación, deporte, cultura, vías y comunicaciones. Nueve meses después, en mayo de 2017, los voceros del mismo colectivo anunciaron una nueva ronda de protestas, argumentando el incumplimiento del Gobierno del presidente Juan Manuel Santos.

     Al son de cantos y bailes, los chocoanos salieron a la calle a manifestar su inconformismo no solo por la “indiferencia” y “falta de seriedad” del Ejecutivo, sino también por la presencia de grupos al margen de la ley en el departamento.

“El incumplimiento de los acuerdos firmados con el Gobierno es del 95 %. Queremos que se trace una ruta clara para el cumplimiento de estos. Varias mesas de trabajo ni se instalaron y queremos que queden con financiación clara para que puedan operar”, señaló en su momento uno de los líderes del movimiento a un periódico local.[1]

     Tras 17 días de paro, en los que además de comunidades chocoanas también participaron representantes de municipios del pacífico colombiano como Buenaventura y Tumaco, el entonces secretario general de la Presidencia de la República, Alfonso Prada, le anunció al país que la manifestación se había levantado y destacó “que la protesta en el Chocó se desarrolló en forma pacífica y democrática, pues no hubo ningún tipo de alteración, tragedia ni hostigamiento de ninguna de las partes”[2]. En esa misma alocución, el alto funcionario señaló que se lograron avances en la destinación de recursos para la construcción de vías y hospitales en el departamento, así como los protocolos para hacerle seguimiento a los acuerdos.

    Ahora bien, el objetivo del presente texto es entender el universo que motivó a los habitantes de ese departamento a movilizarse en las calles de Quibdó y en otros corregimientos, para reivindicar los derechos fundamentales de una región que vive en una eterna paradoja: ser una de las más ricas en biodiversidad y recursos naturales, y al mismo tiempo una de las más pobres.[3] De tal suerte, se abordará el abandono estatal y el problema de la representación política de los chocoanos, para luego entender las condiciones que le dieron vida al movimiento a través de sus repertorios de acción colectiva, su mediatización y el papel de la cultura como un eje transversal en las manifestaciones.

      Para tal fin, se tendrán en cuenta fundamentalmente las percepciones de dos actores claves dentro del movimiento social. De un lado, el líder del Paro Cívico por la Salvación y Dignidad del Chocó, Dilon Martínez, profesor y representante sindical quien no repara en afirmar que un olvido histórico y discriminación, los ha llevado a “reactivar el movimiento para exigir el cumplimiento de los acuerdos”. [4] Por otra parte, Noency Mosquera, líder comunitaria y gestora cultural chocoana, quien señala que “se le hizo entender a la gente de que el problema no era de uno, sino que el problema era de todos, que estábamos luchando por un bien común.”[5]  

Breve apartado metodológico:

Uno de los objetivos principales de este trabajo fue entender las experiencias que han tenido miembros del movimiento Paro Cívico por la Dignidad del Chocó. A partir de estas perspectivas se comprenderá la manera en que estos individuos se relacionan con los ideales que dan lugar a las protestas que iniciaron en el 2016 y como hasta hoy, el movimiento social ha perdurado en el tiempo convirtiéndose en un referente importante de interlocución entre el pueblo chocoano y el Gobierno central.

Al estudiar este evento se pudo observar cómo los miembros del movimiento Paro Cívico por la Dignidad del Chocó, a través de la cultura e identidad, lograron redireccionar tanto la visión que existe de un movimiento social como la perspectiva que existe de la región. Adicionalmente, se tuvo la oportunidad de comprender cómo elementos, como la danza y la música, cohesionaron a una población que ha sido vulnerada y marginalizada por su propio país.

Toda la información que puede apreciarse en las próximas páginas, hace parte de un minucioso trabajo de campo, en el cual se entrevistaron miembros activos del movimiento Paro Cívico por la Dignidad del Chocó. Para lograr esto, Andrea Dávila se desplazó hasta Quibdó para hablar con Dilon y Noency. Es importante mencionar que ambos entrevistados son ciudadanos chocoanos que han sufrido los estragos de la violencia del país, lo que permite que tengamos una visión más sensible de lo que puede ser un movimiento social.

El movimiento, por sus características, se analizará desde dos marcos de acción colectiva: la primera, alrededor de los discursos de los líderes que permitió que la comunidad se volcara a las calles a reclamar condiciones mínimas, y los marcos de acción colectiva, que llevaron a la ejecución del discurso para darle solución a los problemas.

Sin duda alguna, formas de puestas en escena como la identidad, las emociones y las manifestaciones culturales, servirán de base para hacer este recorrido por el movimiento.

El abandono de un Estado a los pueblos afro

     El departamento del Chocó suele ubicarse en los últimos puestos en los rankings de competitividad y desarrollo a escala humana. Suele decirse que la segunda mitad del siglo XX trajo procesos de modernización en todo el país, sin embargo, para el caso de este departamento “los beneficios de empresas nacionales y multinacionales significaron un detrimento para las comunidades; sus prácticas económicas, sociales y culturales quedaron evidenciadas en procesos de desterritorialización y despojo, en contexto de disputa y conflictividad territorial”.[6]

      Ese mismo panorama presentado por la Defensoría del Pueblo, entidad encargada de la defensa y protección de los derechos humanos en Colombia, es percibido por los mismos habitantes del Chocó. “¿No se ha dado cuenta usted que los territorios donde habitan comunidades afro descendientes son los más pobres de Colombia? Con los índices más bajos de calidad de vida”[7], señaló Dilon. Lo anterior es avalado por las cifras oficiales del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), que en su informe sobre la pobreza monetaria en Colombia señaló que “la ciudad con mayor incidencia de pobreza monetaria en 2016 fue Quibdó con 49,2%, seguida por Riohacha con 45,5% y Valledupar con 35,5%”[8].

       Añade, además, que cerca del 60% de la población en el departamento del Chocó vive con menos de 114 mil pesos al mes, lo mínimo para acceder a los productos básicos de la canasta familiar.[9] Sin embargo, aparte de los problemas en el acceso a la salud, la educación y vías, otros de los aspectos inciden en ese mal desempeño en competitividad del departamento como, por ejemplo, la informalidad laboral de la mayoría de sus habitantes. “Lo que se ha vivido en nuestro departamento, pero sobre todo desde el pacífico, ha sido por la economía informal. Acá hay empresas, no hay industrias, entonces  hay  mucho desempleo, y donde hay desempleo, la población vulnerable está dispuesta a muchas cosas.”, señaló Noency.[10]

     Sin embargo, pese al empuje, el carácter e inconformismo del pueblo chocoano, las protestas del 2016 se desarrollaron sin alteración del orden público. “Tuvimos la fortuna de lograr esas movilizaciones de manera pacífica. Esa fue la gran virtud del movimiento. Con toda la legitimidad de las condiciones”, dijo Dilon.[11] De hecho, como se mencionó anteriormente, ese fue uno de los aspectos que destacó la Presidencia de la República, pues facilitó los escenarios de la negociación.

Hay autores que señalan, con relación al pacifismo de los movimientos, que la experiencia histórica reciente “parece indicar que, al encauzar energías de sus integrantes en conseguir objetivos o metas perfectamente válidas y aceptadas por la sociedad, la vía pacífica tiene más efectividad que la violenta”.[12] 

      Y es que aparte del abandono estatal y de las difíciles condiciones en materia de derechos fundamentales del pueblo chocoano, uno de los aspectos que más abogan los líderes comunitarios es la autonomía administrativa del departamento. “No estamos siendo autónomos porque casi todas entidades están intervenidas […] Entonces se reunieron muchas cosas…desde la salud hasta la educación colapsaron porque estaba intervenida, la educación intervenida. Así sucesivamente”[13]. De ahí que, incluso, la movilización se fuera expandiendo a otras ciudades del Pacífico como Tumaco y Buenaventura, al ser entes territoriales que comparten su experiencia de abandono al pueblo afro.

 “Entonces nos fuimos en ese sentir afro, en ese sentir chocoanista, del Pacífico y entonces ya ellos dijeron. Bueno, lo que es con Buenaventura es con el Chocó y aquí nos vamos a parcializar. Eso fue el apoyo que nosotros sentimos, porque primero empieza Buenaventura también con sus inconformidades y el Chocó como que tuvimos esa sinergía, vimos la radiografía de lo que vive el Chocó y es lo mismo de lo que está pasando también en Tumaco”[14], contó Noency.

Los muertos que lograron un grito de auxilio en la movilización social

Cada 10 años, el pueblo chocoano salía a las calles a exigir reivindicaciones que se repetían a los largo de cada paro: mejora en los servicios públicos, en las condiciones educativas, en la comercialización de sus productos, en la salud; solo se convocaban cuando un suceso inesperado detonaba ese sentir, según Noency: “Cuando hay veranos largos nos recordamos que no tenemos acueductos, cuando se matan unas personas en las trocha de la muerte, la vía que conducen a Medellín o Pereira, entonces recordamos que tenemos que pelear por las vías[15]”.

Las inconformidades que se originaban en el seno de la cotidianidad los despertaban por momentos como en el 2016, cuando la muerte de varias personas en un accidente de tránsito en la vía Quibdó-Medellín, los impulsó a reorganizar el movimiento cívico por el Chocó, y exigir mejoras de una vez por todas.

El paro convocado para el 20 de julio de ese año fue decisivo. “Se planteó la conveniencia de hacer una gran movilización, una especie de grito de libertad, de independencia, de justicia de los chocoanos. Y de verdad que logramos una movilización que impactó porque la gente entendió la injusticia en las reclamaciones, de la inequidad social y eso nos llevó a estructurar un pliego de peticiones al Gobierno Nacional que lo recogimos en 200 peticiones”.

El pliego de peticiones, según la comunidad, fue un saludo a la bandera ya que no se materializaron los acuerdos. En varias ocasiones, el Presidente Santos a su llegada al Chocó, no hacía alusión al cumplimiento de los compromisos. Razón que los llevó a la gran movilización en el 2017, en donde el Gobierno Nacional firmó una declaración en la cual se comprometía a respetar el acuerdo.

Durante los próximos meses el pueblo logró resultados importantes de estos compromisos como la construcción del hospital del tercer nivel y dos hospitales más en dos subregiones, así como la resolución del diferendo limítrofe del Chocó por el corregimiento de Belén de Bajirá, que también se disputa el departamento de Antioquia.  

Las reclamaciones eran una forma de buscar dignidad. Lograr sus cometidos era un acto de resiliencia. “Que se nos visibilice, que se nos tenga en cuenta en los procesos, y decir que nosotros somos también una población, porque somos minoría étnica, pero como minoría también necesitamos herramientas para los líderes. Así es como yo como mujer lideresa lo veo, es buscar la dignificación”[16].

Africanidad en la afrocolombianidad

     Como premonición al paro de agosto, el 20 de julio de 2016, los chocoanos salieron a las calles en más de 30 municipios del departamento, con el objetivo de preguntarle a Colombia en el día de su independencia: “¿Somos realmente colombianos?”. En pleno día festivo, donde por las principales ciudades del país hay desfiles militares y discursos sobre la emancipación del yugo español, en el parque Centenario de Quibdó no se izó la bandera amarilla, azul y roja (Colombia), sino la verde, amarilla y azul (Chocó). “Escogemos el 20 de julio porque es algo simbólico, no porque seamos un movimiento separatista”[17], señalaron en su momento los promotores de la iniciativa.

     Argumentando, además, expresiones de racismo y de discriminación a lo largo de toda la historia, la gente del Chocó cree que la situación ha desbordado la realidad y se constituye como un absurdo. “Es la realidad. No tiene otra explicación. Como esto está dividido en clases sociales, usted encuentra el racismo en todas las esferas.  Pero aquí nos referimos al racismo desde las élites que han dominado al país. Ellos dicen que esos negros que sigan viviendo así, en su subdesarrollo. No. Eso es injusto.”[18] De ahí que las movilizaciones tuvieran un carácter de reivindicación identitaria adicional, que apeló a los valores de la africanidad y la afrocolombianidad.

     Si bien la relación más próxima con África se expresa a través de los ritmos musicales y los bailes, durante la movilización del Paro Cívico por la Salvación y Dignidad del Chocó también se acentuaron representaciones de la africanidad más allá de la cultura. “Esa parte de cooperativismo; ese respeto, esos valores por el otro; por las personas que nosotros antes de pensar en uno, uno pensar en ubuntos, ¡Ubuntus! ¡Ubuntus!  Que se dice en África, Ubuntu es juntos, ¿sí?, En comunidad.”[19] La filosofía Ubuntu describe la capacidad de una cultura africana para expresar dignidad, humanidad, reciprocidad y compasión en intereses para la construcción de justicia y cuidado mutuo.[20]

     Luego de que Nelson Mandela fuera elegido presidente, la filosofía Ubuntu tomó el liderazgo en la reconstrucción del tejido social en Sudáfrica. De hecho, el discurso de Mandela al recibir el premio Nobel de Paz, estuvo basado en la idea de la diversidad y de superar las diferencias para construir una gran nación. En el caso del movimiento chocoano, esa misma perspectiva se aplicó para hacer calar el principio de que la riqueza de Colombia está en la multiplicidad y que, para lograrla, deberían ser incluidos. “Lo que nosotros tenemos como negros, lo que tienen los indígenas, los raizales, los palenqueros y los ROM, esa diferencia es lo que nos une¡¡La diferencia! Entender que hay poblaciones diversas en Colombia, y nos toca aceptarlo a nosotros también. Que Colombia es politécnica y cultural porque hay diversas culturas.”[21]

La música, impulso y organizador de la movilización

El pueblo no se rinde, carajo

El pueblo se respeta, carajo

Aquí van los chocoanos, carajo

Al Chocó se respeta, carajo

Estamos en pie de lucha, carajo

El pueblo no se rinde, carajo

El Chocó se respeta, carajo

(Canción ‘El pueblo no se rinde’. Paro Cívico por la dignidad del Chocó, 2017)

Los chocoanos decidieron hacer algo distinto esta vez. Buscaron sus instrumentos musicales, armaron sus coreografías y se reunieron en la plaza de Quibdó, justo al frente de la catedral San Francisco de Asis. Como si fuera una muestra de talento en los colegios, grupos de jóvenes y de adultos se presentaron en el escenario improvisado para reclamar sus derechos a través del baile, con el performance, con lo que sienten que es la raza afro.

            Las actividades culturales, las cuales, además de generar un sentido de pertenencia hacia el territorio, también pretendían vincular pacíficamente al chocoano común y corriente con sus emociones y promover el espíritu de lucha por un mejor futuro. Esto mismo lo explica Noency, quien se refirió a la forma en que la música y la danza contribuyen al Paro Cívico por la Dignidad del Chocó.

“La música logra canalizar las emociones a través de la danza. Todas estas expresiones son unos procesos de resiliencia, donde nosotros como víctimas o la población con esa necesidad, busca un refugio también, ¿sí me entiende, nena? Es un refugio que no lo vamos a encontrar, que mucha gente se frustra y los busca en las drogas, en el licor, en hacer daño. Nosotros los artistas en medio del proceso cultural buscamos una resiliencia, como una salida a los problemas porque es a través de la música, a través de la danza. ¿Y por qué a través de la danza? Porque los cuerpos también se liberan, nuestras mentes se liberan, se recrean. Es un proceso de uno olvidarse de todos esos problemas y transmitirle al otro”[22].

Por otro lado, Noency también nos contó que el baile como la música producen un tipo de “embriaguez”[23] en el que además se genera un espacio para que una comunidad pueda liberar todo tipo de sentimientos. Igualmente tiene como fin que se produzca colectivamente ese deseo de lucha que se puede propagar en diferentes direcciones, ya sea dentro o fuera del territorio. Lo anterior se puede evidenciar en la manera en la que el movimiento Paro Cívico por la Dignidad del Chocó se trasladó a ciudades como Bogotá, Medellín y Cartagena. En este caso, se pudo ver que los habitantes de dichas urbes no solo se solidarizaron con esta situación, sino que también por medio de instrumentos musicales, denunciaron el racismo que se vive en el país[24].

A partir de este caso, se puede observar que la música y el baile juegan un papel relevante al momento de conectar al Chocó con otras regiones del país. Sin embargo, más allá de esto, las expresiones artísticas [25]se han traducido en una forma de acción colectiva que busca reafirmar la identidad y crear nuevas estrategias políticas con las que se pretende incluir a la ciudadanía.

Aunque Víctor Vich (2004) analiza el papel que tuvo ‘Lava la bandera’, performance que buscaba denunciar la corrupción durante el gobierno de Alberto Fujimori en Perú, las actividades artísticas también responden a la insuficiencia de las identidades, en las que se incluyen minorías o poblaciones que alguna vez fueron amedrentadas.

“Bueno, bueno. También el trabajo que he hecho durante estos años, que he ido realizando, mami, ha sido también de nuestra identidad. De nuestra identidad, sentirnos orgullosos de ser colombianos. Sentirnos orgullosos de ser chocoanos”.  Para Noency aspectos culturales como la música y el baile, también lograron que el gobierno se dé cuenta de la situación que se presenta: “Para que se oxigene, mami, que se oxigene un poco el departamento, y el Gobierno Nacional vio eso y se pellizcó”.

Esto mismo evidencia el papel que ha tenido la música, cuyo fin se ha centrado no sólo en unificar al país, para que tenga un sentido de solidaridad con los suyos, sino también para generar una conciencia frente a la forma en la que las instituciones gubernamentales están actuando, ya sea en relación con esta problemática o con una similar. Así, por medio de la identificación de la cultura, se crea un proceso de significación en el que se integran diferentes herramientas que permiten la comprensión de un problema.

Al involucrase dentro del movimiento social, la música funciona como una herramienta que facilita la comunicación y permite que haya un intercambio de ideas, lo que, a su vez, produce imágenes a nivel sociocultural, sin importar quién sea el receptor.

De otra parte, al eliminar los discursos hegemónicos e involucrar aspectos de la cultura africana con la colombiana, el arte presenta un espacio en el que se busca que haya una mayor participación. No obstante, ha direccionado el discurso político de cómo debe funcionar un movimiento social en los espacios públicos a través de las presentaciones de baile que realizó un grupo de veinte jóvenes en el 2017, con las que se buscó denunciar la violencia y la pobreza en la que vive la región pacífica [26].

 Ante la poca representación política, el Paro Cívico se convierte en el único interlocutor con el nivel central

Los logros obtenidos en el 2017, uno de ellos relacionado con la disputa por el municipio de Belén de Bajirá, ubicó a los líderes del Paro Cívico como referentes de la reinvidación social en Colombia.  Logros alcanzados por la constante lucha, con bloqueos, paros, movilizaciones, gritos, gritos y más gritos. Chocó es un territorio que lucha por las condiciones mínimas vitales de cualquier ser humano, que solo se obtienen a través de movilizaciones. ¿Por qué a través de movilizaciones y no bajo sus derechos? Las razones son dos, según Dilon: la primera se llama un racismo estructural en el estado colombiano. “No es casualidad que todos los asentamientos donde habitan negros en este país estén viviendo en condiciones deprimentes. Eso no es gratuito”.

La segunda, es la corrupción. “ Si usted, a la discriminación le suma la corrupción, se crea un binomio perverso que hace que las cosas no se vean, que el desarrollo no llegue y súmele a eso, una clase política sin el liderazgo nacional y además con unas vocerías pequeñas”.

Es decir, a menor representación política, poca inversión en los territorios. Sobre el primer aspecto, en el periodo 2014-2018, en el Congreso de la República, el Chocó tuvo dos asientos en la Cámara de Representantes y uno en el Senado.[27] Sobre este último, el congresista escogido pertenece a las comunidades indígenas, por lo tanto, su vocería implicaba la defensa de las comunidades afros e indígenas del Chocó. Luego de las elecciones para el más reciente periodo legislativo, el departamento no logró un asiento en la Cámara Alta.

Una de las dificultades que enfrentan los representantes, una vez llegan a la capital del país, es su desventaja para defender los intereses del Chocó. “Son personas que salieron del Baudó que no están en la élite de este país, donde se toman las decisiones. Antes se consiguen cositas. A ellos nos lo culpo. Esa es la estructura política de ese país. Que no les permite traer las reivindicaciones sociales”[28].

La poca y no tan eficaz participación en el Legislativo, abrió un camino que supieron aprovechar los líderes quienes consideran que el único vínculo de interlocución con el Estado es a través del Comité Cívico. “Tenemos la expectativa de hacerlo más transparente, más organizada, tenemos mínimas condiciones para funcionar. Desde el sindicato de los maestros, esa es nuestra sede central. Es el reto, el desafío”[29].

Si en el Legislativo no hay espacio, en el Ejecutivo, sí. Es por ello que el Comité Cívico logró sentar en su territorio a las instituciones del Gobierno Nacional. Se mostraron fortalecidos desde varios años como líderes en la defensa del pueblo chocoano. En este sentido, buscaron que el Comité Cívico también se mostrara como ente organizado.

De esta manera, Dilon explica su estructura, en la que su máximo organismo es el Cabildo Abierto, donde se convoca al pueblo sin reglas. Jóvenes, mujeres, madres tuvieron acceso por primera vez a un ejercicio político en comunidad. El Paro permitió que las mujeres se sintieran incluidas en una comunidad tradicionalmente patriarcal con una definición del rol de la mujer, no precisamente en espacios de toma de decisiones[30].

“El papel de la mujer ha sido fundamental en la organización y en el Paro. Las mujeres estamos dispuestas a dejar sus hijos, sus trabajos, lo que fuera, para aportar y contribuir también allí en el acompañamiento de las marchas”, señaló Noency[31].

Fue así como el discurso de la reivindicación cobró un nuevo sentido para las mujeres quienes han sido dos, tres y hasta cuatro veces discriminadas: por ser mujer, negra, campesina, pobre y con mayor vulnerabilidad en un conflicto armado. Esto las armó de valor para participar en espacios inexplorados. A través de nuevas formas de puesta en escena de la identidad del grupo, fueron ellas las que llamaron la atención con performance y muestras culturales en el paro.

En una segunda instancia, se ubica la Asamblea General, compuesta por los integrantes de todas las mesas, alrededor de 100 personas. Las decisiones que vienen desde el Cabildo se llevan a un Comité Ejecutivo, integrado por los voceros de cada mesa, y estas se ejecutan al término de un Comité Central, integrado por 7 personas: secretario ejecutivo, secretario de organizaciones, secretario auxiliar, tesorero, fiscal, director de la unidad de gestión y de seguimiento social.

De manera paradójica, el Comité Cívico decidió no lanzarse a las elecciones de Congreso del 2018 pese a su representación ante la comunidad. Así se entendió como movimiento, no de manera individual; argumento que no acogieron varios de sus miembros  que se lanzaron sin lograr los resultados. “Lo cívico es lo cívico y tienen que marginarse de eso para poder mantener la unidad del movimiento, nosotros optamos por esta. Ya habíamos tenido esta experiencia de división con el plebiscito por lo que decidimos evitar las incomodidades entre nosotros pero no lo logramos. Estamos apenas saliendo de ese bache”.

Una mirada distinta la tenían miembros del Comité quienes apoyaron a los miembros que sí aspiraron al Congreso de la República. “¿Qué es lo único malo? Que no llegaron a un consenso de sacar uno o dos que nos representaran allá en el Congreso, sino que, como eran varios líderes, cada quién se lanzó por su lado. En ese mismo afán de querer de representarnos  fue así que nos quedamos sin nada porque hasta la curul del indígena que abogaba por todo el pacífico, por los afros y los negros, se perdió. ¡Fue un fracaso en lo político!”[32]

Sin embargo, esto nos permite echar un vistazo a la historia de Colombia y entender que las comunidades afro descendientes solo llevan 28 años en el ejercicio de sus derechos, es decir, desde la Ley de 21 de mayo de 1851, que decreta la abolición de la esclavitud en Colombia, hasta la promulgación de la Constitución de 1991, no había disposición alguna relacionada con los derechos de la población negra colombiana[33] .

Durante estas tres décadas, la débil presencia de las comunidades chocoanas en el Legislativo y en el Ejecutivo se ha entendido en pocas inversiones, insuficientes para su demanda.

Según datos el Departamento Nacional de Planeación (DNP) en estas comunidades afectadas por problemas como la pobreza, colonización, violencia, discriminación, el ingreso per cápita se acerca a la mitad frente al promedio nacional en donde un 74% de esta población recibe salarios inferiores al mínimo legal. Sin entrar a comparar las tasas de analfabetismo, mortalidad infantil, desempleo,[34] y las cifras de víctimas del conflicto armado en Colombia.

Los medios de comunicación y su relación con el Paro Cívico por la dignidad del Chocó

Aunque las actividades culturales lograron visibilizar la situación que se estaba viviendo en el Chocó, para Noency el éxito que ha tenido el movimiento, también se debe al cubrimiento de los medios de comunicación frente a este evento. “En ese entonces cuando ya llegamos a los 10 días del paro cívico en el Chocó, se empezó a agotar todo y empezamos a sufrir calamidades por el desabastecimiento alimenticio porque las vías estaban cerradas. Los medios de comunicación empezaron a solidarizarse, también las otras comunidades como Buenaventura”.

Por otra parte, explica que al ver la manera en la que se estaban manifestando los movimientos sociales, los medios de comunicación del Chocó buscaron motivar a los ciudadanos a que salieran a las calles. A partir de esto, observamos cómo la prensa pasa de ser la fuente de consumo de información, a convertirse en la vía de difusión de los ideales de este movimiento. Los ciudadanos dejaron de ser espectadores para convertirse en público.

“Ahí haciendo un poco de presión, en cuanto lo que estaba sucediendo, porque se veía desde el principio que no se le estaba haciendo la importancia, que no era noticia, como ellos dicen: ‘No esos negros, esta gente en revueltas y eso no es una noticia. Entonces no lo pasó’”[35]. Según lo que explica la entrevistada, únicamente los medios de comunicación regionales difundieron la noticia relacionada con el Paro Cívico del Chocó, y fue solamente hasta que hubo repercusiones económicas a nivel nacional, que los grandes de comunicación le dieron relevancia a la noticia.

Por su lado, los jóvenes buscaban otros métodos para hacerse ver. Y lo encontraron a través de redes sociales como Facebook y Youtube donde se pueden encontrar los videos de sus presentaciones. Los comentarios de los posts, en una primera revisada, son de respaldo a la causa y una exaltación al talento de los jóvenes chocoanos.

Solo saliendo de las redes sociales y llevándolo al plano real, el movimiento tuvo un nuevo auge. Varios. Cada uno desde sus talentos.

La incertidumbre del Paro Cívico por la Dignidad del Chocó ante un nuevo Gobierno y el posconflicto

El Paro Cívico logró tener su espacio en la agenda del Gobierno Nacional. Ante el eventual cambio de Presidente y de gabinete, que durante dos años se sentaron en las mesas de diálogo, predominó un grado de preocupación frente a la opción del nuevo Presidente en aceptar o no los compromisos adquiridos por el anterior.

Un temor infundado entre la comunidad que radica en borrar de una sola pasada el trabajo adelantado en los diferentes aspectos que les ha permitido dignificar la comunidad y la causa.

La mayoría de los conflictos adquiridos también se dan en el marco de los acuerdos de paz con la guerrilla de las Farc pero que también busca dejar documentos con enfoque diferencial para las negociaciones con los grupos subversivos que buscan desarmarse.

A escala local, esta incertidumbre se sintió en la cabeza del Paro Cívico cuando Dilon, como líder, busca entregar la batuta a otro chocoano. “Estoy en un dilema si me retiro o no de la vocería del comité. Por un lado quisiera dar un ejemplo de que hay ciclos que se cierran y dar un paso. A veces yo pienso si es conveniente para el comité que yo salga. En las bases nadie sabe cómo funciona. Por eso todos los días yo vivo incentivando a los muchachos. Estos no es nadie, esto es del pueblo y aquí si se va uno tiene que asumir otro y les reitero que esta es la esperanza para mantener un canal de comunicación respetable con el Gobierno Nacional. Si queremos romper este círculo vicioso y que nuestros hijos tengan un mejor porvenir, para que vivan en mejores condiciones, tenemos que fortalecer este movimiento. No hay otra”.

En una victoria temprana y ante la incertidumbre de la llegada de un gobierno radical,  el Paro Cívico superó las barreras, entre otras de la participación política y logró que el Gobierno Nacional, a tres meses de finalizar un periodo, blindara los acuerdos para el próximo mandato, a través del decreto 766 por medio del cual se crea el espacio de interlocución ‘Comisión de Seguimiento a los Acuerdos del Paro Cívico Departamental por la Salvación y Dignidad de Chocó”[36].

CONCLUSIONES

        El pueblo chocoano se resiste a caer pese a la discriminación, el difícil acceso a instancias de representación política y al abandono histórico de la institucionalidad. Y es justamente ahí en donde se entiende cómo el proceso de activismo del Paro Cívico por la Salvación y Dignidad del Chocó podría ofrecer una gran lección sobre resistencia, talante y creatividad en la defensa de los derechos fundamentales de miles de colombianos. A través de una estructura organizativa de naturaleza civil, este grupo promete seguir defendiendo los intereses de los chocoanos durante mucho tiempo y, en ese sentido, hace un llamado a su perduración más allá de la indignación.

     Además, se pudo observar que la música y el baile crean crea una lógica, la cual busca incentivar la identidad para poder unir tanto a los chocoanos como demás colombianos a una misma problemática de carácter nacional. Es así como estas expresiones generan los incentivos necesarios para que haya una solidaridad entre los residentes del Chocó y demás ciudadanos. Sin embargo, el éxito del movimiento también se debe a su dimensión cultural,  que para el caso particular se remite a la identificación de un pueblo, pues se generan las condiciones para su persistencia y los incentivos para lograr su propio reconocimiento y el de la causa que representa.

    Finalmente, no debe perderse de vista que la coyuntura nacional del posconflicto implica una reflexión en torno a la deuda histórica que tiene el Estado con las regiones más apartadas y, como resultado de esto, surgen varias preguntas para el futuro. ¿Logrará Colombia la tan anhelada descentralización política y económica? ¿Qué contribuciones pueden hacer los movimientos sociales en este escenario? ¿Cómo la experiencia del Paro Cívico en el Chocó, en términos de sus repertorios de acción, pueden replicarse en el país?

* Este documento fue presentado para la maestría en Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario.

Bibliografía

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DANE. (2018). Pobreza Monetaria y Multidimensional en Colombia 2016.

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Khomba, J., & Vermaak, F. (2012). The African Ubunty Philosophy. African Journal of Business, 126 – 164.

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Nacional Redacción. (22 de Mayo de 2017). El Espectador. Obtenido de Video: “El Chocó se respeta carajo”: expresan manifestantes en el Pacífico: https://www.elespectador.com/noticias/nacional/video-el-choco-se-respeta-carajo-expresan-manifestantes-en-el-pacifico-articulo-694945

Portafolio. (11 de Agosto de 2017). Chocó, Guajira y Cauca, los departamentos con más pobreza monetaria en 2016. Bogotá, Colombia.

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Semana. (19 de Julio de 2016). Chocó y su grito de protesta para este 20 de julio.

Vich, V. (2004). Desobediencia simbólica: Performance, participación y política al fnal de la dictadura fujimorista”, en Alejandro Grimson. Claso.

 


[1] (El País, 2017)

[2] (Presidencia de la República, 2017)

[3] (Portafolio, 2017)

[4] Entrevista con Dilon Martínez, líder del Paro Cívico por la Dignidad del Chocó. Quibdó, 2018.

[5] Entrevista con Noency Mosquera, líder cultural chocoana. Bogotá, 2018.

[6] (Defensoría del Pueblo, 2016)

[7] Entrevista con Dilon Martínez, líder del Paro Cívico por la Dignidad del Chocó. Quibdó, 2018.

[8] (DANE, 2018)

[9] (Portafolio, 2017)

[10] Entrevista con Noency Mosquera, líder cultural chocoana. Bogotá, 2018.

[11] Entrevista con Dilon Martínez, líder del Paro Cívico por la Dignidad del Chocó. Quibdó, 2018.

[12] ( Montesino, 2008)

[13] Entrevista con Noency Mosquera, líder cultural chocoana. Bogotá, 2018.

[14] Entrevista con Noency Mosquera, líder cultural chocoana. Bogotá, 2018.

[15] Entrevista con Dilon, Quibdó, 2018.

[16] Entrevista con Noency, Bogotá, 2018.

[17] (Semana, 2016)

[18] Entrevista con Dilon Martínez, líder del Paro Cívico por la Dignidad del Chocó. Quibdó, 2018.

[19] Entrevista con Noency Mosquera, líder cultural chocoana. Bogotá, 2018.

[20] (Khomba & Vermaak, 2012)

[21] Entrevista con Noency Mosquera, líder cultural chocoana. Bogotá, 2018.

[22] Entrevista con Noency Mosquera, líder cultural chocoana. Bogotá, 2018.

[23] Término que acuña Noency Mosquera para referirse el papel de la música y la danza en la liberación

[24] (Nacional Redacción, 2017)

[25] (Vich, 2004)

[26] (EFE, 2017)

[27] Cámara de Representantes: José Flórez (Partido de la U) y Nilton Córdoba (Partido Liberal). Senado de la República: Luis Andrade (Movimiento Alternativo Indígena y Social)

[28] Entrevista a Dilon Martínez, Quibdó, 2018.

[29] Entrevista a Dilon.

[30] Diálogo con Leidy, Quibdó, 2018

[31] Entrevista a Noency

[32] Entrevista con Noency.

[33] Estudios sobre la participación política de la población afrodescendiente en Colombia. https://www.iidh.ed.cr/IIDH/media/2098/estudios-pp-afrodescendientes-colombia-2007.pdf

[35] Entrevista con Noency Mosquera, líder cultural chocoana. Bogotá, 2018.