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Ganadería y medio ambiente, el dilema colombiano

Los más recientes informes de las Naciones Unidas y el Fondo Mundial para la Naturaleza, obligan al planeta a tomar medidas drásticas frente al aumento en la temperatura global y a la desaparición del 60% de los vertebrados en los últimos 40 años. El ultimátum internacional exhorta a los países a hacer cambios estructurales en su política exterior y doméstica.

Los llamados de alerta suenan más fuertes para un país como Colombia que se debate en dos escenarios complejos: por un lado, ser la primera potencia mundial de biodiversidad relativa y la segunda en biodiversidad absoluta, por el otro, ocupar el tercer lugar dentro de los países más vulnerables al cambio climático[1].

En el ámbito internacional, el país se muestra comprometido con las estrategias de cambio climático y lo hace ver a través de la firma de todos los tratados y acuerdos internacionales, sin embargo, a nivel doméstico, contrasta con las políticas nacionales que poco concuerdan con lo firmado.

Para ser más precisos, mientras que Colombia firma, acoge y ratifica los Acuerdos de París (2016), que busca entre otros aspectos, reducir las emisiones de CO2, este aumenta el apoyo al sector ganadero, uno de los mayores contaminantes del medio ambiente.

Esta dualidad nos permite inferir que el sector ganadero del país será un punto crítico en los lineamientos de la política exterior colombiana relacionados con el cambio climático por tres aspectos en particular: por su protagonismo en la economía del país; su incidencia en el tema de tierras, eje fundamental del conflicto armado; y, su relación política tan estrecha con el Presidente de Colombia.

LA GANADERÍA: ENTRE EL IMPULSO A LA ECONOMÍA Y EL DAÑO MEDIO AMBIENTAL

Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación FAO[2] (2009), el sector ganadero tiene un impacto negativo en el medio ambiente que desencadena otros factores de contaminación: consumo en grandes cantidades de agua, deforestación de las selvas para reubicar el ganado, pérdida de la biodiversidad, desaparición de especies, contribución al cambio en la temperatura media a partir de la producción de gas metano por parte de los animales y, una alteración en el uso de la tierra.

En este mismo informe se señala lo complejo del tema por su importancia en la economía mundial al aportar el 40% del Producto Interno Bruto (PIB) Agrícola; el sector genera más de 1.300 millones de empleos y suministra alrededor de un tercio del consumo mundial de proteínas (FAO,2009). Dos aspectos que preocupan con el cambio climático. Por lo cual, no ha sido fácil la tarea de los países en generar una estrategia real que baje la producción y el consumo de carne para mejorar los niveles de contaminación en el mundo.

Por supuesto, Colombia no está exenta de ese dilema. En el segundo semestre del 2018, la economía creció un 2,8% según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas DANE. La información, en detalle, ubica a la agricultura, ganadería, caza y pesca, como el segundo renglón de la economía que más aportó, con 2 puntos positivos, a la variación del Producto Interno Bruto (PIB)[3]. Estos datos le permiten a la Federación de Ganaderos del país indicar que el sector equivale 3 veces al sector cafetero, generando así 810 mil empleos directos que representan el 6% del empleo nacional[4].

A nivel de política exterior, Colombia se ha visto segura en su posición de abrir nuevos mercados internacionales con la exportación de ganado y sus derivados. En tan solo los últimos años, Colombia suscribió acuerdos importantes de exportaciones bovinas a Brasil, Canadá, México, países andinos, Rusia, Jordania, Irak, Líbano e Egipto y, por supuesto, con Estados Unidos a través del TLC y con la Unión Europea.

La apertura de nuevos mercados en su búsqueda de ganancias económicas implica desafíos para el país en materia de fronteras terrestres que no ha tenido el mejor de los logros. En los últimos tres años, el país ha tenido dos epidemias de fiebre aftosa producto del ingreso de ganado de contrabando por Arauca desde Venezuela, afectando el estatus sanitario del país y congelando el envío de ganado a los países con los que suscribió acuerdos.

En coherencia con su política exterior, Colombia busca establecer contacto con los países vecinos y con quienes se tienen acuerdos comerciales; se buscan estrategias para el estado fitosanitario y se toman medidas a nivel local. Una estrategia de una ganadería responsable no se deslumbra en el primer escenario presentado en este texto.

EL SECTOR GANADERO Y LA COMPLICIDAD EN EL CONFLICTO ARMADO

En la lucha por los recursos naturales renovables se pueden identificar tres tipos de conflictos: conflictos de simple escasez entre Estados; conflictos de grupo e identidad al interior o entre Estados; y conflictos relativos a la degradación económica, institucional y política[5]. Los tres pueden provocar incentivos perversos que desembocan en la aparición de grupos armados de tipo privado para su control.

Colombia recrea lo anterior a partir del largo conflicto armado. Por tanto, que el sector ganadero ha estado relacionado directamente con la participación en el control de tierras, y como financiador de grupos al margen de la ley, tanto de izquierda como de derecha.

La ganadería implica hacer uso de un territorio extensivo para hacer pastoreo, y con mayor responsabilidad si se habla de ganadería industrial. Con el tiempo, se generan daños al ambiente por su consumo excesivo de agua, y por la improductividad de la tierra que obliga a extenderse en busca de territorios fértiles.

Para el analista en conflicto armado, Ariel Ávila, históricamente las tierras fueron colonizadas con vacas como forma de crear pastoreo y cercar la tierra, tal como en los Llanos Orientales donde se ve un fuerte auge de deforestación para “meter una vaca por cuatro hectáreas con el objetivo de fingir propiedad”. Por lo que las extensiones de tierra varían dependiendo de qué tan fértil son las zonas.

Por su parte, para Ricardo Sabogal, ex director de la Unidad de Restitución de Tierras, existe una clara relación entre los ganaderos y el despojo de tierras. “Las zonas del país con mayor producción ganadera, son las zonas con mayores despojos a campesinos y por supuesto de ganaderos a ganaderos. En el caso de los paramilitares, ante las amenazas de la guerrilla, iniciaron su propio proceso de despojo de la mano de finqueros”, indicó.

Tal como sucedió en la región Caribe, el abigeato es muy común, y ha sido utilizado como mecanismo de presión de guerrillas para apropiarse de los predios de manera legal por medio de extorsiones para que firmen o traspasen títulos de propiedad, en algunos casos. Sus víctimas decidieron defenderse y tal como se conoció durante el proceso de Justicia y Paz del gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010), los ganaderos crearon grupos paramilitares que además de su objetivo inicial, cayeron también en la extorsión, las masacres y el despojo de tierras que provocó un mayor desplazamiento de campesinos en el país.

Asimismo, Ávila y Sabogal coincidieron en señalar que la ganadería, en algunos departamentos, sirvió como fuente de financiamiento de la actividad criminal de los grupos subversivos para mantener su control territorial. A esto se le suma la deficiencia del gobierno colombiano en el control de sus territorios y por supuesto de sus fronteras, favoreciendo que ambos grupos, tantos de izquierda como de derecha, encontraran adeptos a su actividad en países como Venezuela y Ecuador.

Sin alguna propuesta clara para resolver de fondo el tema de legalización y restitución de tierras por el parte del Gobierno Nacional, el panorama se aleja de una solución mediana entre la propiedad y el medio ambiente.

UN SECTOR CON PODER POLÍTICO

En los últimos años, el sector ganadero ha sido reiterativo en su inclinación política. Durante el periodo presidencial anterior, se sentó al lado de la oposición, hoy partido oficial de Gobierno. Su posición en contra de los acuerdos de paz y su cercanía con el partido político le vale una relación muy cercana con el actual presidente de Colombia, Iván Duque.

No en vano, en el círculo de personajes cercanos al Presidente de la República y al senador Uribe, se encuentran el presidente de la Federación Nacional de Ganaderos FEDEGAN y su esposa, hoy senadora de la república. Ambos muy cercanos al canciller colombiano Carlos Holmes Trujillo, quien antes de asumir su cargo, se caracterizó por sus columnas de opinión en defensa de la federación de ganaderos en momentos en que estaba siendo investigado por malos manejos de sus recursos parafiscales.

¿CUÁL ES EL CAMINO?

Del presente texto se puede deducir en la necesidad que tiene Colombia de dejar a un lado la retórica ambigua de firmar todos los tratados internacionales imposibles de cumplir, sin tener una política doméstica clara y acorde a esas medidas. El país deberá ser honesto con la comunidad internacional y decidir si le apunta al compromiso que implica el cambio climático o continuará apalancando a unos de los sectores que más daño le hace.

Ahora bien, es pertinente aclarar que no se sugiere desaparecer la producción ganadera. Este reglón de la economía puede ayudar a disminuir las cifras de desnutrición y hambruna en el mundo. Una oportunidad en la que Colombia, en los últimos años, saltó como protagonista al considerarse como uno de los siete países que pueden llegar a ser la despensa del mundo, según las Naciones Unidas.[6]

Se trata entonces de proponer una ganadería responsable, que continúe participando en el crecimiento económico y que vaya acorde a las políticas para mitigar el cambio climático. Que busque adaptarse a nuevas propuestas en materia de tierra, agua y biodiversidad de flora y fauna.

En coherencia con esta línea, Colombia puede aprovechar la atención de la comunidad internacional en esta materia, para revertir el conflicto armado y el narcotráfico como parte de la agenda internacional y volcarse a los privilegios en materia de recursos naturales que le da potestad para asumir un liderazgo regional en la lucha por el cambio climático.

Sin embargo, el panorama, visto desde lo doméstico, no deja de preocupar. Un sector que jalona la economía, inmerso en la responsabilidad de apropiación y despojos de tierras en el país y con una alianza fundamental con los líderes del Ejecutivo y del Legislativo, no será un punto fácil de tratar en medio de este diseño de política exterior colombiana con un capítulo importante como lo es el medio ambiente. Los intereses particulares parecen sobreponer a las medidas urgentes que debe tomar el país si quiere continuar manteniendo los recursos naturales que lo hace una nación privilegiada.

*Este artículo fue presentado para la clase de Política Exterior Colombina de la Maestría en Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario. Para este artículo se realizaron entrevistas al investigador, Ariel Ávila y al ex director de la Unidad de Restitución de Tierras, Ricardo Sabogal.

 

REFERENCIAS


[1] Según la Agencia de Naciones Unidas para la Atención Humanitaria.

[2] Steinfiel, H. (2009) La larga sombra del ganado. FAO. http://www.fao.org/3/a-a0701s.pdf

[3] Comunicado de prensa PIB segundo semestre 2018. Departamento Administrativo Nacional de Estadística. https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/pib/cp_PIB_IItrim18_produccion.pdf

[4] La ganadería sigue siendo la actividad que más aporta al PIB. (2017) Periódico Portafolio. https://www.portafolio.co/economia/la-ganaderia-sigue-siendo-la-actividad-que-mas-aporta-al-pib-509081

[5] Carvajal, H. Medio ambiente, recursos hídricos y calentamiento global: significados y alcances en la política exterior colombiana.

[6] Colombia se proyecta como una gran despensa agrícola (2011) http://www.fao.org/in-action/agronoticias/detail/es/c/507341/